07/09/11

Os cómicos da economia e nosotros.


Já lá vão alguns dias, o Miguel Madeira notava com humor neste blogue que há indivíduos que trabalham como guardas-nocturnos para os políticos e que nem sequer sabem calcular o IRS…
 Não vale a pena pensar que esta bicharada é sacana, parva ou mesmo analfabeta. Não senhor! É muito mais simples do que isso. Trata-se de gente que lava as mãos antes de ir para a mesa, trata bem a mulher, os filhos e até as criadas, lamenta o sofrimento dos pobres. Isto é, são, na maioria dos casos, o que se chama gente normal! Só que é gente que sofre de uma deficiência mental grave. Que não pode conceber que a sociedade humana possa ser organizada de outra maneira, segundo outros princípios. Que não percebe o significado do desabafo do Castoriadis que dizia (mais ou menos), «O género humano deve poder fazer melhor do que este desastre». Que são uma espécie de talibans do sistema capitalista; para eles,  o único, o definitivo, o eterno horizonte do género humano. Ámen.
Senão veja-se.
 O Sr. Pereira dava explicações de política económica às meninas e aos meninos de um colégio privado de Vancouver. Agora é ministro em Portugal, da ECONOMIA, atenção! Veio de avião, para salvar a pátria do trabalhador Belmiro de Azevedo e outros como ele. Na entrevista dada ao jornal El Pais, no dia 25 de Julho, o santo homem de barbicha bem aparada confessa, com ar sério, que a sua primeira iniciativa para diminuir as despesas do Estado foi de apagar a luz nas salas vazias do seu ministério… Num país de merceeiros, o Sr. Pereira faz questão de honrar as tradições, não se deixa a luz acesa se não esta ninguém na loja.
Dias antes, o Sr Evangelos, que também é ministro da dita «economia», desta vez na Grécia, desabafava no Le Monde,  «Com a ajuda da UE, a economia grega vai poder respirar profundamente e isto vai progressivamente repercutir-se na economia real». Uma espécie de medicina chinesa, um movimento de qi gong. Respiração e energia…Só que, uma semana depois, a tal «economia real» continuava a sufocar. Deve ter respirado ar poluído. E, umas semanas mais tarde, anunciava-se que a dívida pública da Grécia estava fora de controlo… Este rapaz, Evangelos, é um cómico!
Assim vão os economistas modernos, entre mercearias e respirações assistidas. Prisioneiros do voluntarismo monetário, incapazes de analisar as causas da doença do corpo a partir das contradições de valorização da «economia real», correm atrás dos efeitos e dos acontecimentos, agências de notação, mercados e outros fetiches. E não vêem outra solução senão a de pagar a dívida com a recessão. Assim, o Sr. Pereira e os primos de Cascais, depois de ter apagado as luzes, fará a única coisa que esta gente sabe fazer, dar porrada nos pobres para que se salvem os ricos e os mubaraks saloios, os seus cómicos e demais bobos da corte, para os quais a palavra de ordem continua a ser «é fartar vilanagem!». Mais pobreza e mais concentração de riqueza. Baixar o valor da força de trabalho com a esperança de atrair o investimento e aumentar a taxa de exploração. Com a esperança, digo bem, pois que estamos a falar para crentes… Entretanto, a tal «economia real», que fundamenta a vida das sociedades continua a afundar-se, levando com ela vidas, existências, ilusões, alimentando medos, loucuras, pânicos, fomentando irracionalidades e barbaridades.

Contribuição à crítica do pensamento único, junto acrescento extractos de um livro que um amigo acaba de publicar em Espanha [José A. Tapia y Rolando Astarita, « La Grande Recession y el capitalismo del siglo XXI », Catarata, Madrid, http://2011 www.catarata.org]

¿Cómo se sale de las crisis económicas?
Durante la primera mitad del 2010 muchas instituciones económicas y políticas se volvieron a convertir a la ortodoxia económica de décadas anteriores, de recorte de impuestos a los ricos, reducción de gastos sociales y austeridad (para quienes viven de sus salarios). El FMI, muchos gobiernos —el de Merkel en Alemania, el de Cameron en el Reino Unido y el de Rodríguez Zapatero en España— y una buena parte de los economistas «de derechas» proponen reducir drásticamente los gastos sociales y el subsidio de desempleo, recortar salarios, hacer que el despido sea libre y que se pueda contratar a todo el mundo en precario (esto suelen llamarlo flexibilización del mercado laboral) y que no haya regulación alguna de los mercados.  Otro sector de la economía académica —conformado entre otros por los economistas vinculados a la administración de Obama, los articulistas del Financial Times y la influyente revista The Economist— critica la política de Angela Merkel y sostiene que los países más fuertes, como Alemania, Francia y EEUU, deben seguir aumentando el gasto público con una política monetaria expansiva. Este sector también está de acuerdo en imponer mayor regulación a los mercados financieros y a los bancos. Frente a estas alternativas del establishment económico, los economistas «de izquierdas», como Galbraith y Wray, piden en cambio que aumenten los salarios para que haya más demanda, que se aumente el gasto público para que se creen puestos de trabajo y que haya subsidio de desempleo y se aumenten las medidas de protección social. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y cierta «sensibilidad social» dirá que esto último es mucho mejor. ¿No es así?
            La cuestión, sin embargo, es separar dos cosas que, aunque tienen relación, son distintas. Por una parte está la realidad económica y su funcionamiento y ahí la cuestión es entender cómo funciona el sistema de producción y distribución de la «economía de mercado» y si lo que dicen sobre ese funcionamiento distintas escuelas de pensamiento es cierto o es falso. Por otra parte, está la cuestión de qué es lo que favorece a unos sectores de la sociedad, a unas clases sociales, y qué favorece a otras.
            Por ejemplo, desde una perspectiva de defensa de los intereses de los asalariados es evidente que hay que defender medidas como el subsidio de desempleo, porque los desempleados tienen que poder vivir. Pero es ilusorio decir, como se dice a veces desde posiciones supuestamente progresistas, que el subsidio de desempleo crea demanda y por tanto favorece la salida de la crisis. Ciertamente, el dinero del subsidio que se paga a los desempleados crea demanda, pero si, por ejemplo, la cuantía total anual del subsidio es 2000 millones, como los subsidios son siempre menores que los salarios que reemplazan, la demanda de bienes de consumo que puedan crear esos 2000 millones siempre será menor que la demanda anual que creaban los salarios de los empleados antes de que comenzara la crisis que, supongamos, eran 3000 millones. Si con una demanda de consumo de 3000 la demanda era insuficiente para cubrir la oferta, con 2000 millones la insuficiencia de la demanda será mucho mayor.
            Lo clave para que se recupere la demanda son las inversiones. En el mundo hay enormes masas de dinero que antes o después necesita encontrar «oportunidades de inversión». Pero, «oportunidades de inversión» no es otra cosa que empresas con buenas perspectivas de producir ganancia. Como, además, las ganancias empresariales son la diferencia entre ventas totales y costos, y un componente importante de los costos son los costos salariales, para que aumente la inversión es clave que aumente la rentabilidad del capital (la relación entre ganancias y capital invertido), por ejemplo, mediante la reducción de los salarios. Como el subsidio de desempleo al menos en alguna medida reduce la presión a la baja que el desempleo masivo pone sobre los salarios, dificulta la recuperación de la rentabilidad empresarial y, por tanto, la recuperación de la rentabilidad. Decir simplemente que se puede salir de la crisis porque el subsidio de desempleo o los aumentos de salarios aumentan la demanda agregada y de esa forma estimulan la economía es ignorar el mecanismo básico del capitalismo, que es la explotación del trabajo asalariado. Las empresas obtienen mayor rentabilidad cuanto menores son los salarios y estos son tanto menores cuanto más presione la necesidad sobre los asalariados, forzándoles a aceptar cualquier trabajo y cualquier ingreso. Si los salarios son muy bajos las ganancias serán muy altas y la economía no solo recibirá un estímulo sino que se acelerará sobremanera, por la afluencia de inversiones de capital, atraídas por esa alta rentabilidad. En una ocasión Marx citó con aprobación al sindicalista inglés Thomas Dunning, quien afirmaba que el capital tiene horror a la ausencia de ganancia como la naturaleza tiene horror al vacío, y que conforme aumenta la ganancia, mayor es el envalentonamiento del capital. Lo cual, por otra parte, resulta confirmado una y otra vez cuando hay una expansión, la rentabilidad del capital se dispara y en los mercados de alta rentabilidad se producen «burbujas» (sean bursátiles, de empresas internéticas, de propiedades inmobiliarias...) por la afluencia de capitales grandes o pequeños. Burbujas que, por supuesto, acaban estallando, como en el verso de Machado, «como pompas de jabón».

          
Las crisis económicas son periodos de baja rentabilidad del capital, en los que muchas empresas dan pérdidas y quiebran, mientras otras tratan de sobrevivir recortando gastos, para lo cual los despidos son a menudo el mecanismo fundamental. Ambas cosas aumentan el desempleo y esto a su vez pone presión a la baja sobre los salarios. Las quiebras de empresas y la baja de los salarios hacen que, poco a poco, las empresas restantes mejoren las perspectivas de negocio por disminución de la competencia, aumento de la cuota de mercado y reducción de los costos, tanto salariales como no salariales, ya que los insumos de las empresas tienden a abaratarse en las crisis, en las que en general caen todos los precios.
            El argumento poskeynesiano según el cual el aumento del gasto público y la «inyección de dinero» en la economía son el método ideal para resolver la crisis tiende a ocultar un aspecto central, que la «solución» de las crisis en el capitalismo siempre pasa por el aumento de la explotación, por la desvalorización de los capitales improductivos y la concentración del capital. De hecho, si mediante el aumento del gasto público el gobierno inyecta liquidez en la economía (por ejemplo, mediante subsidios de desempleo, pagos para hacer obras públicas o adquisiciones a empresas nacionales de portaviones o tanques para el ejército) y las empresas, los capitalistas individuales y bancos deciden guardar las ganancias que obtienen a partir de esa actividad en forma líquida porque no ven perspectivas de inversión, la economía no se reactivará o se reactivará muy poco.           Se podrían dar muchos ejemplos, como el que ya mencionamos del Japón, que muestran que no se sale de una recesión simplemente creando demanda a través de la inyección de dinero en la economía por parte del banco central. La razón de fondo es que el elemento clave en la dinámica del capitalismo es la acumulación del capital, es decir, la inversión, que a su vez depende de la rentabilidad de los capitales individuales, es decir, las empresas. El núcleo de la dinámica económica es la decisión del capitalista individual o colectivo de inyectar dinero en la circulación, es decir, invertir. El gasto estatal puede complementar o facilitar esa inversión privada, pero no es lo decisivo.
            En cada crisis económica la caída de los salarios, el aumento de la explotación vía incrementos de los ritmos de trabajo y el aumento de la «disciplina laboral» en los centros de trabajo son componentes clave para la recuperación de las ganancias empresariales y del crecimiento económico. En eso la visión de la economía estándar, neoclásica, de los economistas generalmente ligados a las instituciones financieras internacionales y a los gobiernos más conservadores, es mucho más realista que la de los economistas keynesianos. Los economistas conservadores defienden claramente los intereses de las empresas y los bancos, piden recortes de impuestos a las ganancias empresariales y reducción de salarios y servicios sociales y descalifican como tonterías las ideas keynesianas de reforzar la demanda. 
            La lucha de los asalariados contra la reducción de los salarios y contra la supresión de servicios sociales es parte general de la defensa de los intereses de quienes producen la riqueza o, lo que es lo mismo, de la lucha contra la explotación del trabajo. Por ello es reaccionario no apoyarla aunque, de hecho, esa lucha bloquea los mecanismos habituales de superación de la crisis mediante el aumento de la explotación. En resumidas cuentas, en las crisis o se defienden medidas para aumentar la explotación que favorecen la «vuelta a la normalidad» del crecimiento económico, o se lucha contra esas medidas y entonces se está interfiriendo con los mecanismos del sistema e, implícitamente, empujando hacia soluciones de la crisis que van más allá del sistema capitalista. Las ideas de muchos intelectuales y políticos o economistas poskeynesianos que desde la izquierda proponen reformas y políticas «para superar la crisis y que no la paguen los trabajadores» reflejan una profunda confusión sobre cómo funciona el sistema. Y, de hecho, aunque algunos economistas poskeynesianos consideran el aumento salarial como favorable por la creación de demanda que podría generar, otros como Dean Baker dicen sin tapujos que los salarios deben reducirse, aunque para ello proponen el medio sutil de la inflación.
            Lo ocurrido en Japón en años recientes es un ejemplo ilustrativo de cómo un componente clave de las crisis es el aumento de la explotación de los trabajadores. En todo ese periodo los salarios estuvieron estancados o se redujeron y la situación general de los trabajadores empeoró, especialmente durante el 2009, año en el que, según informa The Economist, los bonos que se pagan a los trabajadores en las grandes empresas bajaron aproximadamente un 15%. Los trabajadores jóvenes que son admitidos a las empresas reciben salarios mucho menores que los trabajadores con antigüedad y los puestos permanentes, de por vida, tradicionales en las empresas japonesas, son cosa del pasado, ya no se garantizan, los puestos temporales y precarios son cada vez más frecuentes. Quienes tienen esos puestos carecen de seguridad laboral, no tienen vacaciones pagadas, no reciben bonos (que representan un 20% del ingreso de los trabajadores regulares) ni subsidios para pagar la seguridad social. Muchas empresas están además imponiendo jubilaciones anticipadas, a edades de alrededor de 50 años, para disminuir costos.
            Algo similar ha sucedido en EEUU, donde la recesión que comenzó a finales del 2007 ha hecho que se reduzcan los salarios y aumente la productividad. Así, según cifras oficiales de la Oficina de Estadísticas Laborales, entre el 2008 y el 2009, de cuarto a cuarto trimestre el producto por hora de las personas empleadas aumentó casi un 6% mientras que la compensación real por hora se redujo casi 2% y los costos laborales unitarios disminuyeron 5,2%.
            Todo esto, sin embargo, no es ninguna novedad. Son las medidas tradicionales que se proponen en cada país cada vez que el capitalismo hace crisis. Las soluciones que se proponen implican defender el valor de las propiedades de quienes tienen el poder económico (y político) y aumentar las ganancias del capital mediante reducciones de salarios. De todas formas, aunque los recortes de salarios no se propongan, el sistema las promueve automáticamente en cada crisis. No hay propuesta más convincente para reducir salarios que la masa de desempleados en busca de trabajo que se multiplica en cada recesión.

7 comentários:

miguel-aglagl disse...

"O Sr. Pereira dava explicações de política económica às meninas e aos meninos de um colégio privado de Vancouver."


huh ? ele era docente aqui:

http://en.wikipedia.org/wiki/Simon_Fraser_University

sinto-me enojado e não consigo acabar de ler o post - dou demasiado valor à verdade (e longe de mim ser simpatizante do tipo ou deste governo).

miguel

Anónimo disse...

O Srº Miguel-aglagl parece não ter sentido de humor, o que é mau, muito mau, nos dias que correm...

Eu vou-lhe dar o link exacto do texto do Valadas:

http://escolinhaparameninosdevancouver.org

Nesse sitio está toda a VERDADE!

Luís Bernardo disse...

miguel-aglagl: se o Jorge Valadas tivesse substituído "colégio privado" por "universidade pública" (a Simon Fraser é, de facto, pública), o texto ainda teria mais força. o Álvaro é um merceeiro e um merceeiro hipócrita, ainda por cima.

Anónimo disse...

ha uma coisa que não atingi. O que fica subentendido é que a austeridade é uma das formas ainda que injusta de ultrapassar a crise. mas isso não esbarra na noção de acumulação constante de capital? quer dizer se estão dadas as condições ideais para a acumulação desenfreada isto não deveria fazer com que a crise se prolongasse indefinidamente ou mesmo agravasse-se?

oferta disse...

eu não sei , mas se a coisa se resolve com inversiones , mas ao mesmo tempo não se pode "explorar" o trabalhador , sempre quero ver como é que as empresas vão arranjar dinheiro para las inversiones e criar mais postos de trabalho. não creio que os trabalhadores se dediquem às inversiones.. e investir a crédito como o estado vem fazendo ? filme mais feio.metam-se vocês na boca do lobo.
eu nem estou nem aí , diga-se. a demanda comigo está lixada : converti-me ao zen e minimalismo.

e não me lembro o nome , um senhor indiano muito sábio deu uma conferência há días em lisboa ("small is beautiful" , o livro que levava na mão) o público fez-lhe uma entrevista e aquilo sim , é falar de economia humana e ser pessoa. a onda do sec. XXI é decrescimento sustentável e vocês tb ainda não a apanharam.

Anónimo disse...

o guru da ideologia reformista do decrescimento, um tal serge latouche,por duas vezes já, contribuiu com a sua super-modernista sapiência em revistas de extrema-direita. Num caso na revista krisis do alain de benoist e noutro na le recours aux forêts.
o nosso oferta apanhou um comboio (de alta velocidade?) que o vai levar num abrir e fechar de olhos à utopia dos reaccionários do século xix.

oferta disse...

apanhei nada. ando a pé , para poder apreciar a paisagem. e se há coisa em que não perco tempo é ir para a gare esperar por comboios guiados por anjos ou demónios. o ceú deve ser um tédio e no inferno faz demasiado calor. e o mais certo é até não chegar a lado nenhum. polémica ( dialéctica?) estéril.
e eu percebo que esse tal fosse escrever na extrema direita , a esquerda não o deve ter querido publicar..decrescer significa abdicar livremente de "querer ser rico" e é essa a vossa luta , né ?: ser rico , ter muitas coisas , desperdiçar tal e qual o onassis. e todo africano deve ter um carro , quem diz africano , diz chinês..continuem assim que vão por bom caminho , crescer até rebentar. pummmm.